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Frère Christian

Frère Luc

Frère Christophe

Frère Michel

Frère Bruno

Frère Célestin

Frère Paul

¡No quise ser un sacerdote que en nombre de su teología, desde mi habitación, habla de Dios a sus hermanos humanos…! – Por el contrario, había en mí, y hay todavía, una necesidad profunda, una necesidad imperiosa, de amor cada vez más verdadero, una necesidad de estar con (y no al lado) de los hombres mis hermanos, en igualdad.

¡Mejor aún, todos juntos, creyentes y no creyentes, practicantes o no, en el corazón de una vida compartida a lo largo de los días, lenta, progresivamente, buscar, buscar, el Espíritu que nos anima, para continuar unos con otros, concretamente, sobre la marcha, localmente y en otros lugares, para construir el mundo con un mejor espíritu de compartir, en lugar de soñar en las nubes la unidad, la universalidad!

El misterio de Cristo es tan inmenso que uno tiene derecho a dar preferencia a un aspecto u otro de su vida, gracias al análisis y la meditación que uno mismo ha hecho, ¡y con otros! – ¿No fue uno de los llamamientos urgentes que el Concilio Vaticano II dirigió a sacerdotes y cristianos? ¡Una Iglesia en el mundo, bien encarnada, y no a un  lado, apartada, con privilegios y poderes!...

Por mi parte, por tanto, os confieso que estoy cada vez más impresionado por el misterio de Cristo en su Encarnación, Él, el igual a Dios, no ha utilizado sus privilegios de Hijo de Dios, se ha hecho en todo igual a los hombres; y sólo en el corazón de una larga encarnación, de un largo escondimiento, hasta el extremo del don total que puede hacer un hombre, recibe de Dios el Espíritu de vida para él y para todos sus hermanos.

¡Argelia sigue sangrando! ¡Nuestra hermana Odette asesinada el 10 de noviembre, la undécima desde mayo de 94 entre religiosos, religiosas, sacerdotes! [¡habrá más!] ¡Seguid orando con nosotros para que las balas que han acribillado su carne se transformen en semillas de vida, de paz, de libertad, de reconciliación, para el mundo y para Argelia en particular…! (27 de enero de 1996, dos meses antes del secuestro, carta a unos amigos)

Hasta dónde ir para salvar la piel sin arriesgar la vida. Sólo uno sabe el día y la hora de nuestra liberación en él... Estemos disponibles para que pueda actuar en nosotros, con la oración y la presencia amorosa de todos nuestros hermanos.

¿Qué quedará dentro de algunos meses de la Iglesia de Argelia, de su visibilidad, de sus estructuras, de las personas que la componen? Muy poco, probablemente muy poco. Sin embargo, creo que la Buena Noticia está sembrada, el grano germina [...]. El Espíritu actúa, trabaja profundamente en el corazón de los hombres. Estemos disponibles para que pueda actuar en nosotros con la oración y la presencia amorosa de todos nuestros hermanos. (Carta del 11 de enero de 1995)

Dios ama a sus hijos con infinito respeto. Por eso los quiere libres. Dios respetó la libertad del hombre hasta dejarle la posibilidad de matarlo cuando se hizo uno de los suyos. El amor sólo puede ser el encuentro de dos libertades. No hay amor en la coacción. Dios sabe que nuestra felicidad sólo puede estar en Él, pero no nos la puede imponer. No solo no lo quiere, sino que no puede, de lo contrario no sería lo que es. No sería más amor. Dios no hace más que proponernos su amor. Nuestra única acción es aceptarlo libremente, dejarnos amar y entregarnos totalmente a él. Y así quiere que amemos: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado”. (Tibhirine, 2º semestre de 1990, carta a su hermana Bernadette)