Frère Christian
Frère Luc
Frère Christophe
Frère Michel
Frère Bruno
Frère Célestin
Frère Paul
Que el Señor me mantenga en la alegría
Orad por mí para que el Señor me mantenga en la alegría. Una vez más, nuestra región está inmersa en los horrores de la violencia. Dios no quiere la desgracia. Él está con las víctimas. Dios con nosotros. Puedo continuar mi actividad. No sé cuándo y cómo terminará esto. Orad por mí. (15 de marzo de 1996)
Aquí la situación se ha vuelto inquietante, tal vez el futuro sea peligroso... La muerte... sería un testimonio del absoluto de Dios. (Carta del 17 de noviembre de 1993)
La peregrinación continúa
Antes de que el Señor me lleve con Él, pido que la paz se instale en este país, al que he amado mucho y donde he pasado más de 47 años de mi vida. A nuestra edad, miramos al pasado y entendemos el significado de nuestra peregrinación en esta tierra. En los sufrimientos del cuerpo y el dolor del alma y los fracasos, Dios nos condujo de la mano. La peregrinación continúa. Ante nosotros, el Cristo que lleva su cruz nos muestra el camino y al final brilla la luz pascual de la Resurrección. (10 de octubre de 1993)
Mi presencia aquí
Mi presencia aquí no es necesaria pero puede ser útil. El 31 de enero del 96, cumpliré 82 años, estoy enfermo, de corazón y pulmones, pero mientras haya un poco de luz, en un contexto difícil, me debo a los demás, así que no puedo abandonar Tibhirine. “Venga tu reino”. No hay que buscar lo que es «suyo». (Carta del 4 de diciembre de 1995)
Porque es un encuentro con Dios, la muerte no puede ser objeto de terror. La muerte es Dios. (Carta del 28 de mayo de 1995)
Perder la vida: Cristo no existe para sí mismo y por eso encontramos nuestra salvación existiendo para él; es decir, para sus hermanos que son también los nuestros. (8 de marzo de 1994)
Mártir, es una palabra demasiado ambigua
Mártir, es una palabra demasiado ambigua aquí… Si nos llega cualquier cosa – yo no lo deseo – queremos vivir aquí en solidaridad con todos estos argelinos (y argelinas) que ya han pagado con su vida, únicamente solidarios con todos estos desconocidos, inocentes… Me parece que Aquel que nos ayuda hoy a sostenernos es Aquel que nos llamó. Me quedo profundamente asombrado por esto: El que nos fortalece con vosotros (pueblo argelino) en Cristo y nos da la unción: es Dios. (Carta a un monje)
Pronto un año...
Pronto un año en la casa del Islam… La Iglesia aquí ha vivido más acontecimientos dolorosos que alegres aparentemente, y al mismo tiempo somos testigos de otra cosa… y, ¿debemos hablar del misterio de la Iglesia? ¿del misterio del pueblo de Dios? en cualquier caso seguramente del misterio de Dios, de un designio de Dios en la casa del Islam … donde el silencio, la oración, es mejor que el compartir - sobre todo el asombro como Jesús bajo la acción del Espíritu: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber escondido esto a los sabios y a los prudentes y haberlo revelado a los pequeños. Sí, Padre, así lo dispusiste en Tu benevolencia…" Y el Profeta dice: "Señor, acrecienta mi asombro frente a Ti". (Carta a un primo, agosto de 1985)
Gracias por vuestra caridad
Gracias por vuestra caridad, solicitud, oración…, por estar cerca de nosotros, cerca de nuestra Iglesia…, etc.
... Por el momento, el Señor me da la oportunidad de estar allí con los hermanos, pacíficamente... y, en estos tiempos difíciles, me asombro ante el don de Dios, de vivir mi vida monástica (muy pobremente) aquí, con estos domingos, solemnidades, fiestas… y observo que en cada reflexión comunitaria nunca la palabra de Dios - la del mismo día - me ha hablado tanto para proseguir mi camino… como hace diez años cuando planeaba venir aquí. Ojalá tenga siempre un corazón dispuesto a acogerlo.
Continuad rezando por nosotros, porque lo más difícil será en el futuro… (Carta a la Abadía de Bellefontaine, 1985)