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Frère Paul

Me parece que estamos recibiendo hoy aquí, como una llamada adicional para este "martirio" que está destinado para nosotros, el de LA ESPERANZA. ¡Oh! No es ni glorioso ni brillante. Se ajusta exactamente a todas las dimensiones de la vida cotidiana. Define desde siempre el estado monástico: el paso a paso, el gota a gota, la palabra a palabra, el codo a codo... y esto es lo que hay que volver a hacer, en la vida regular, cada mañana, otra vez por la noche, y lo que hay que seguir pensando, corrigiendo, discerniendo, esperando sobre todo [...] Y nuestra «Galilea» para nosotros, aquí donde hemos elegido seguirlo, ya que siempre y en todas partes va por DELANTE, es, pues, este país de Argelia, en su hoy pascual. Sólo la esperanza puede mantenernos en nuestro lugar.

Dar la vida por amor a Dios, por adelantado, sin condiciones, es lo que hemos hecho... o al menos lo que hemos creído hacer. No preguntamos entonces por qué o cómo. Confiábamos a Dios el empleo de este don, desde su destino día tras día, hasta el último [...] Hemos vuelto al testimonio de Jesús, a su martirio: No hay mayor amor que dar la vida por sus amigos. (Homilía para el Jueves Santo de 1994)

El Islam nace en el desierto, como el monaquismo. Lleva una marca indeleble. El mismo profeta se mantuvo "inclinado a la meditación y al silencio". Y la vida ritual tiende a situar al creyente «solo con el Solo», incluso en la Meca cuando los peregrinos se presentan por centenares de miles. El muecín que llama a la oración se expresa en solitario: "Testifico..." (Ashhadu). Además, tanto en el Islam como en el Cristianismo, se alimenta la conciencia de ser, como Abraham, “sólo extranjeros y viajeros en la tierra… hechos para aspirar a otra patria” (Hb 11,13ss) a la que conducen todos los caminos del desierto. (Septiembre 1989)

La primera vez que una comunidad sufí de los alrededores pidió reunirse con nosotros, era la Navidad de 1979, su portavoz tuvo mucho cuidado en decir que querían encontrarnos para compartir la oración. “Debemos dejar que Dios invente algo nuevo entre nosotros. Esto solo puede hacerse en oración”. Esta experiencia me ayuda a no prefijar al musulmán en la idea que me he hecho. (1993)

Orantes entre otros orantes, así es como nuestra pequeña comunidad monástica, «náufraga» cisterciense en un océano de Islam, llegaba a definirse en la Argelia independiente de 1975, incluso cuando teníamos, al parecer, ocho días para abandonar el lugar… donde siempre hemos estado. (1989)

“Sólo la caridad puede revelarnos la perspectiva correcta de las cosas y de los acontecimientos... de todos estos pequeños "signos de los tiempos" cuya vocación única es susurrar a Dios” (Junio de 1974, “La esperanza invencible”)

“Ir hacia el otro e ir hacia Dios es todo uno, y no puedo prescindir de eso, se necesita la misma gratuidad” (Septiembre 1989, "Sept vies pour Dieu et l'Algérie", p.34)

“En nuestra vida siempre hay un niño que dar a luz, el hijo de Dios que somos” (8 de marzo de 1996 - "Sept vies pour Dieu et l'Algérie" p.206)

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C'est dans l'insignifiance de sa vie que le moine se veut et qu'il se sait "SIGNE". ( juin 1974, "l'Invincible Espérance" p.24)

Je sais n’avoir que ce petit jour d’aujourd’hui à donner à Celui qui m’appelle pour TOUT JOUR mais comment lui dire oui pour toujours si je ne lui donne pas ce petit jour-ci… Dieu a mille ans pour faire un jour ; je n’ai qu’un seul jour pour faire de l’éternel, c’est aujourd’hui ! (Chapitre du 30 janvier 1990)

Notre mort est incluse dans le don, elle ne nous appartient pas, et donc elle ne peut être risquée que dans le même climat d’Évangile que tous nos autres instants offerts à Dieu au sein de cette communauté monastique à laquelle nous sommes liés d’amour à la vie à la mort ou encore pour le meilleur et l’au-delà du moins bon.